sábado, 2 de noviembre de 2013

Fotos





Bob Marley en la playa con la Miss Mundo de 1976, Cindy Breakspeare, luego madre de Damien Marley


La estatua de la libertad mientras la terminan en Paris, 1885


Luego del día D cuando los americanos pasaban por St.Lo. en Francia, 1944


El Circo Wirths llega a Melbourne, Australia, la elefanta Alice de 102 años baja, 1948


Jimmy Page, Led Zeppelin, 1972


El soldado Luther E. Boger de la 82° división aerotransportada ante un cartel de peligro en Kohln, Alemania, 4 de abril de 1945


Soldados alemanes en 1942


Un hombre tratando de vender su auto en la Gran Depresión de 1929


Gente caminando sobre sillas en Maisons-Laffite en París luego de una crecida del Sena, 1924


Una combatiente libanesa en 1982


Una de las fotos más antiguas de la Gran Esfinge de 1880


Un niño que llora en la estación de Shangai luego del ataque japonés y la masacre, 1937


Woodstock, Bethel, New York, 14 de Agosto de 1969


Chester E. Macduffee y su traje de buzo de 250Kg en 1911


El último Tigre de Tasmania, Zoológico de Beaumaris, 1933


La tripulación de un Panzer III se rinde a los británicos en la batalla de El Alamein, 1942


Un piloto de la RAF recibe un corte de pelo entre misiones, Gran Bretaña, 1942


Una pieza de artillería de 152mm disparando durante la campaña ofensiva en Bielorrusia, 1944


El último helicóptero que salía de la embajada norteamericana de Saigón iba muy cargado, un americano hace lugar, 30 de Abril de 1975.



Un Marine entra en un tunel del Vietcong, 1969


Un tanque Matilda australiano en una ruta de Bougainville, 1945


Ataque con Napalm en Vietnam del sur, 1966


Soldados alemanes testeando un cañón antiaéreo Becker-Flugzeugkanone de 20mm en el frente occidental, 1918


El abogado Mohandas Gandhi en 1893 antes de volverse famoso


Focke-Wulf Fw 190A-5 del JG54 durante 1943


Boludeando con el Zar Nicolás II, el Príncipe Bicolás de Grecia y Dinamarca y el Duque Boris Vladimirovich en 1899


Mineros de carbón belgas en el ascensor a la mina, 1900


Soldados aliados imitando a Hitler en la cancillería del Reich, 1945


Queremos Cerveza! en contra de la ley seca en NY, 1932


Soldados alemanes cruzando un pueblo noruego en llamas, Abril de 1940


Soldados ingleses en una trinchera en Bardia, Libia, ocupado por los italianos y capturado por los aliados el 5 de enero de 1941 luego de un sitio de 20 días.


Una madre pobre de California con una botella de coca cola como mamadera, 1939


Nelson Mandela en la prisión Robben junto a Walter Sisulu, estuvo preso 27 años, 1966. Luego fue presidente de Sudáfrica. ¡27 años!


Esta es de Buenos Aires, un vendedor de globos fotografiado por N.W. Gulick en 1921


La famosa tregua de navidad en 1914 durante la Primera Guerra Mundial cuando los soldados ingleses y alemanes se divertían entre las trincheras siendo enemigos.


El autogiro de Cierva sobre New York en 1931


Tratando de revivir a un soldado, Vietnam, 1967


Un médico curando a un niño en Franca, 1944


Trabajadores del edificio Chase en Manhattan, 1959


Consecuencias del gran incendio de Seattle de 1889


En plena crisis de los misiles con Cuba esto estaba en Key West en la ruta, 27 de octubre de 1962


Irlanda del norte, 1969


La liberación de París, los ciudadanos reaccionando contra los alemanes mientras los aliados se acercaban, Agosto de 1944 



El General Douglas MacArthur acepta la rendición japonesa en el USS Missouri en la bahía de Tokio, 2 de Septiembre de 1945


Soldados alemanes jugando a las cartas junto a un jardincito que se armaron en la trinchera, Primera Guerra Mundial, entra 1914 y 1918.



Che Guevara y Raúl Castro, 1958


La Riena de Gran Bretaña haciendo la primer llamada de larga distancia sin operadora, Bristol, 5 de Diciembre de 1958



George Orwell con un cachorrito durante la Guerra Civil Española, detrás se ve a Ernest Hemingway, España, 1937


Accidente de un SB2C-5 en el USS Kearsarge en 1948



Electricistas instalando lamparitas en la Torre Eiffel para la exibición de París, la seguridad laboral de la época, 1937


No sabía que existía esto, una máquina expendedora de Whisky y soda :P genios borrachos, en una exposición en Londres, 1960



Charles “Chuck” Yeager en su Bell X-1 siendo lanzado desde un B-50 Superfortress para un vuelo de testeo, Muroc Army Air Field, 26 de Abril de 1950.



Criminal mongol siendo castigado, Mongolia, 1913



Soldados franceses en la trinchera, 1917


Bombarderos B17 del grupo de bombardweo 381° desde el aeródromo de Ridgewell en Inglaterra hacia sus objetivos en Alemania, 1944



Un poco de diferencias en la facha, Jackie Kennedy, primera dama de EEUU y Nina Khrushcheva, primera dama de la URSS, en Viena, 1961


Prisioneros de guerra alemanes y una granjera rusa mostrándoles el puño, 1944



Soldados ingleses jugando con cascos alemanes, La Boisselle, 7 de Julio de 1916.



Clérigos etiopíes afuera de la catedral de Addis Abeba, Etiopía, Junio de 1931



Soldados libaneses del movimiento Shia Amal hacen una pausita para ver Marruecos vs. Portugal, el 11 de Junio de 1986, ganó Marruecos 3 a 1



No era el tráfico que es ahora, Mumbai en 1880



Antonio Tejero Molina quiso hacer un golpe de estado en el parlamento español en 1981, le duró poquito a este loquito de la Guardia Civil.



Adolf Hitler y sus cortos, 1920


Cuatro meses después de la bomba atómica, en Hiroshima, Japón, 1945, foto de Alfred Eisenstaedt
 

Norteamericanos en la Primera Guerra con un arma de 37mm hacia las trincheras alemanas, 1918



El Graf Zeppelin sobre Washington DC en 1928


Esta era la moda de trajes de baño masculinos de 1910 en Nueva Zelanda, no se, lo pensaría dos veces antes de usarlos :D



¿Cuantos autos había en Vancouver en 1914 como para que dos se den de frente?


 

Conrad Schumann, de 19 años, escapando de Alemania Oriental, él era guardia en uno de los pasos cuando se estaba construyendo el muro, 19 de Agosto de 1961 en la Bernauer Straße, Berlin


Niños ingleses mirando un combate aéreo sobre sus cabezas, 1940



Un liquidador en el pueblo Tatsenki encontró un bebé abandonado en una casa, durante el accidente de Chernobyl, lo cargó en un carrito y se lo llevó como pudo
 

Soldados Canadienses sobre un tanque Mark, 1918



Esta foto dice mucho, una madre y su hija en la entrada designada para su raza, Mobile, Alabama, 1956



El Astronauta Caído, la única escultura en la Luna, de alumnio, llevada por la tripulación del Apollo 15 en honor a los que habían muerto en la exploración espacial, 1 de Agosto de 1971.



En la tregua de navidad de 1914, un soldado alemán le enciende un cigarrillo a uno británico. Frente Occidental, 1914.


Asesinato del presidente egipcio Anwar Al-Sadat en una marcha militar, los soldados que desfilaban son los que atacaron el palco presidencial, 6 de Octubre de 1981, El Cairo



Los comunes en las barricadas, Los Miserables pero versión real, Rue de Flandre, París, 18 de Marzo de 1861
 
Fuente:  http://www.fabio.com.ar/5565    http://www.fabio.com.ar/5656

viernes, 5 de julio de 2013

1955 - Bombardeo de la Plaza de Mayo



Documento del Archivo Nacional de la Memomria sobre el tema. 241 páginas.
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16 de junio de 1955: cuando Buenos Aires fue bombardeada por sus propias fuerzas armadas
Por Felipe Pigna
Fuente
El clima político se había enrarecido en la Argentina desde que se agudizó el conflicto entre la Iglesia católica y el gobierno peronista. De aliada incondicional allá por los inicios del régimen de 1943 que catapultaría a Perón al poder, la corporación eclesiástica se había vuelto decididamente opositora. Se sentía molesta por la utilización política que el gobierno hacía de la caridad -un tema históricamente monopolizado por la Iglesia- la proliferación de imagines de Evita y Perón rodeando a los crucifijos en las dependencias oficiales y la creación de una agrupación política secundaria, la Unión de Estudiantes Secundarios, la UES, una fuerte competencia para la Acción Católica.
Perón por aquellos días de junio de 1955 solía recordar que el gobierno peronista en 1947 había hecho ratificar en el Parlamento el decreto Ley que transformaba en obligatoria la enseñanza religiosa declarada optativa y extracurricular por la Ley 1420 sancionada por iniciativa de Sarmiento durante el gobierno de Roca.
El general ahora se lamentaba de haber impulsado un generoso subsidio del 75% de los sueldos de los docentes de escuelas privadas de las cuales el 90% eran propiedad de la Iglesia católica.
Mientras se enteraba por los diarios de las diatribas de los obispos contra su gobierno y las calumnias contra su persona, el presidente les recordaba a sus colaboradores los abusos a que dio lugar aquel subsidio. Pero lo que más había irritado a Perón era la creación de un Partido Demócrata Cristiano con el aval de la Iglesia. El líder consideraba que su partido era democrático y cristiano y que en la Argentina no era necesario otro partido para frenar el avance del comunismo, principal objetivo de la democracia cristiana impulsada por el Vaticano y el Departamento de Estado de los Estados Unidos.
El enfrentamiento fue creciendo en un trasfondo de crisis económica. Dos agudas sequías (1951-52), el boicot norteamericano contra la Argentina que se perpetuaba desde 1942 cuando el radical alvearista Ortíz se declaró neutral frente a la Segunda Guerra Mundial, complicaron el panorama económico que pese a los esfuerzos industrialistas, seguía dependiendo de las divisas aportadas casi exclusivamente en el comercio exterior de granos y carnes.
La vieja alianza ideológica entre los militares y la curia, fomentada por el propio Perón, tornaba más peligroso el protagonismo de la Iglesia que contaba con una expresión política partidaria propia y excelentes contactos con oficiales superiores de las tres armas que parecían dispuestos a salir en defensa de Cristo Rey.
Todavía sonaban los ecos de la ruidosa procesión del 11 de junio, dos días después de Corpus Christi, que se había transformado en una manifestación política que culminó en el Congreso donde los católicos, enfurecidos por la sanción de la Ley de la Ley de “hijos naturales” y la ley de divorcio, arriaron la bandera argentina e izaron la insignia papal. En esas circunstancias se produjo el confuso episodio de la quema de una bandera argentina, que como en otras circunstancias de nuestra historia dio lugar a encendidas discusiones sobre lo accesorio y eludió el debate ideológico. Toda la semana del 11 al 16 de junio se fue en el debate sobre quién había quemado la bandera, símbolo sagrado e inmaculado para católicos y peronistas, tan católicos como los otros.
Lo cierto es que la sociedad argentina fue sometida a campañas oficiales y extraoficiales de contra información y no a un debate, largamente postergado sobre el rol de la Iglesia en nuestra sociedad.
Leyes imprescindibles para un país que se preciaba de moderno, como la de hijos naturales y el divorcio, aparecen sancionadas como provocaciones del gobierno peronista más que como avances de la civilización.
A eso de las nueve de la mañana del 16 de junio Perón recibió al general Lucero con un marcado gesto de preocupación. Perón sabía que estaba programado un desfile aéreo en desagravio a la bandera, pero Lucero sabía que ese desfile podía ser aprovechado para bombardear la Casa de Gobierno y a su principal ocupante y convenció al presidente para trasladarse a su despacho en el ministerio de Guerra cruzando la Avenida Paseo Colón.
Desde su nueva ubicación, a las 10 y media en punto, Perón pudo escuchar el sonido inconfundible de los aviones Abro Lincoln y Catalinas de la aviación naval comandados por el vicealmirante Toranzo Calderón y el ruido inesperado, nuevo en Buenos Aires que se estrenaba como la primera capital de Sudamérica en ser bombardeada por sus propias fuerzas armadas.
Los aviones, que habían partido de Punta Indio, llevaban pintadas en sus colas una ve corta y una cruz. El viva Cristo reemplazaba al viva Perón. Curioso slogan de alguien que sale a matar que recordaba a aquel fanático católico falangista, Millán de Astray, que llegó a pronunciar la metafísica frase: “Viva la muerte”.
En la plaza, además de los apurados transeúntes había algunas familias que se disponían a presenciar el desfile aéreo. Nunca imaginaron que la parada militar tuviera un carácter tan realista.
Las primeras bombas cayeron a unos pocos metros de la pirámide y el resto impactó sobre la Casa Rosada. Una de ellas destrozó a un colectivo repleto de escolares. Al enterarse de los hechos la CGT convocó a la Plaza a defender a Perón. Para las 18.15 eran cientos los descamisados que se reunieron a defender su gobierno en la histórica plaza cuando una nueva oleada de aviones espantó a las desconcertadas palomas y arrojó su mortífera carga de nueve toneladas y media de explosivos sobre la multitud. En la Plaza de mayo y sus alrededores quedaron los cuerpos de 355 civiles muertos y los hospitales colapsaron por los más de 600 heridos. Se había perpetrado el peor ataque terrorista de la historia argentina. Sus autores eran “respetables” militares y civiles que se frotaban las manos imaginándose el triunfo de un golpe militar que iba a volver a la “negrada” a los “cabecitas” a los lugares de los que nunca debieron haber salido. Pocos meses después ya con la “Revolución Libertadora” triunfante uno de los golpistas, el contralmirante Arturo Rial le recordó a un miembro del sindicato de trabajadores municipales: “Sepan ustedes que la revolución libertadora se hizo para que en este país el hijo del barrendero muera barrendero.”
Los autores de este brutal ataque nunca contaron con la capacidad de lucha y resistencia del pueblo argentino que, consciente de sus derechos adquiridos, no estaba dispuesto a perder lo que le había costado tanta sangre, sudor y lágrimas conseguir. Entre los autores intelectuales de aquel horror había varios civiles unidos no precisamente por el amor sino por el espanto que estaban dispuestos a provocar. Algunos de ellos eran el líder empresarial Raúl Lamuraglia, el socialdemócrata Américo Ghioldi, el radical unionista Miguel Ángel Zavala Ortiz, el conservador Oscar Vichi y los nacionalistas católicos Mario Amadeo y Luis María de Pablo Pardo
La versión de los asesinos barre con toda capacidad de asombro. Esto decía un volante de la “marina de guerra en operaciones” titulado increíblemente: “Responsabilidad de Perón y la C.G.T en la matanza de Plaza de Mayo”. El texto es el siguiente: “Comparando los acontecimientos con las declaraciones DEL PROPIO PERÓN, es fácil determinar quiénes son los culpables de la matanza de civiles, durante los bombardeos de la Marina de Guerra.
La Marina de Guerra se sublevó, enviando al Gobierno un ultimátum de rendición. Al rechazar ese ultimátum y apelar al Ejército, el Gobierno se colocaba en actitud beligerante. Desde ese momento dos fuerzas militares lucharían. Perón sabía que la Marina no salía a “desfilar”, sino a combatir a muerte.
¿Por qué motivo, entonces, Perón permitió que la C.G.T., con criminal inconsciencia, convocaran al Pueblo a Plaza de Mayo…?
¿Cómo es posible que un jefe de Estado, sabiendo que su Sede sería bombardeada, no tratara inmediatamente de evacuar la población civil…?
¿Cómo es posible que los dirigentes de la C.G.T. hayan sido tan criminales como para llevar a la gente al matadero, sabiendo que con palos no se puede hacer frente a aviones ni a ametralladoras…?
Perón mismo lo ha dicho: Nosotros tuvimos conocimiento de la rebelión y de sus planes unas horas antes…¡Y conociendo la rebelión y los planes de bombardeo, Perón hace que la C.G.T. convoque a su querido “pueblo” a Plaza de Mayo para ser quemado! Una sola cosa explica esta infamia: Perón creyó que a la vista del Pueblo, la Marina de Guerra desistiría de sus propósitos. Es decir, que una vez más, Perón utilizó a los trabajadores como escudo de sus designios…”
Si hasta aquí el lector se quedó sin palabras, prepárese para lo que viene: “Si los radicales o “los clericales” hubieran invadido la casa de Gobierno, Perón hubiera tenido derecho a convocar a la C.G.T. : Hubieran sido dos fuerzas civiles combatiendo en igualdad de condiciones. Pero, desarrollándose la lucha entre FUERZAS MILITARES, convocar al pueblo indefenso al teatro de las operaciones ¡¡Es criminal, infame, cobarde y ruin!! Y la C.G.T. que se prestó para esa carnicería, es conjuntamente con Perón, responsable de esa canallada ante la clase trabajadora. No lo olvidará jamás el Pueblo…”
Tras concretar su masacre, los pilotos que habían demostrado su total desprecio por la vida humana ametrallando a columnas enteras de trabajadores, volaron hacia el Montevideo donde recordaron repentinamente que existían los derechos humanos, particularmente el de asilo.
Perón habló esa noche por la cadena nacional de radio y televisión. En los pocos televisores que había en la Argentina se pudo ver a un Perón desencajado, dolido que decía: “…lo más indignante es que hayan tirado a mansalva contra el pueblo (…) Es indudable que pasarán los tiempos, pero la Historia no perdonará jamás semejante sacrilegio. (…) Nosotros, como pueblo civilizado, no podemos tomar medidas que sean aconsejadas por la pasión, sino por la reflexión (…) Para no ser criminales como ellos, les pido que estén tranquilos; que cada uno vaya a su casa (…) les pido que refrenen su propia ira; que se muerdan, como me muerdo yo, en estos momentos, que no cometan ningún desmán. No nos perdonaríamos nosotros que a la infamia de nuestros enemigos le agregáramos nuestra propia infamia (…) Los que tiraron contra el pueblo no son ni han sido jamás soldados argentinos, porque los soldados argentinos no son traidores ni cobardes, y los que tiraron contra el pueblo son traidores y cobardes. La ley caerá inflexiblemente sobre ellos. Yo no he de dar un paso para atemperar su culpa ni para atemperar la pena que les ha de corresponder. (…) El pueblo no es el encargado de hacer justicia: debe confiar en mi palabra de soldado (…) Sepamos cumplir como pueblo civilizado y dejar que la ley castigue…”.
Esa misma noche grupos de peronistas, que veían detrás de la intentona el apoyo eclesiástico, quemaron las principales iglesias de Buenos Aires y la propia Curia metropolitana. Santo Domingo, San Francisco, San Nicolás de Bari, San Miguel Arcángel, la Piedad, la Merced, San Ignacio y la Curia
Un hombre de la Libertadora reconoce que: “Con todo lo arbitrario que fue el dictador, tengo y he tenido siempre para mí que el incendio de los templos históricos de Buenos Aires no fue una obra que deba considerarse típica de su idiosincrasia. El incendio de los templos, absurdo, ilógico e inexplicable en el medio argentino, aun dentro de la aberración de la dictadura, es, en cambio, un hecho común como medio de acción de los rojos españoles, incendiarios de profesión.”
Palabras que pronunciara Juan Domingo Perón por cadena nacional de radio y televisión aquel 16 de junio de 1955.
“Lo más indignante es que hayan tirado a mansalva contra el pueblo (…) Es indudable que pasarán los tiempos, pero la Historia no perdonará jamás semejante sacrilegio. (…) Nosotros, como pueblo civilizado, no podemos tomar medidas que sean aconsejadas por la pasión, sino por la reflexión (…) Para no ser criminales como ellos, les pido que estén tranquilos; que cada uno vaya a su casa (…) les pido que refrenen su propia ira; que se muerdan, como me muerdo yo, en estos momentos, que no cometan ningún desmán. No nos perdonaríamos nosotros que a la infamia de nuestros enemigos le agregáramos nuestra propia infamia (…) Los que tiraron contra el pueblo no son ni han sido jamás soldados argentinos, porque los soldados argentinos no son traidores ni cobardes, y los que tiraron contra el pueblo son traidores y cobardes. La ley caerá inflexiblemente sobre ellos. Yo no he de dar un paso para atemperar su culpa ni para atemperar la pena que les ha de corresponder.  (…) El pueblo no es el encargado de hacer justicia: debe confiar en mi palabra de soldado (…) Sepamos cumplir como pueblo civilizado y dejar que la ley castigue…”

Juan Domingo Perón
 
Crónica del diario La Nación el 17 de junio de 1955
Los tres aparatos de la Marina de Guerra que volaban sobre la Casa de Gobierno y el Ministerio de Guerra arrojaron mortíferas bombas sobre la sede gubernamental, sobre la plaza y el elevado edificio del Ministerio de Ejército, en la calle Azopardo.
Una de las bombas cayó de lleno sobre la Casa de Gobierno. Otra alcanzó un trolebús repleto de pasajeros que llegaba por Paseo Colón hasta Hipólito Yrigoyen. El vehículo se venció sobre el costado izquierdo, sus puertas se abrieron y una horrenda carga de muertos y heridos fue precipitada a la calle. Una tercera bomba tocó la arista nordeste del cuboide edificio del Ministerio de Hacienda, despidiendo pesados trozos de mampostería.
Junto con el mortal estrépito de las bombas prodújose una intensa lluvia de esquirlas y menudos trozos de vidrios. La violencia de la expansión del aire con la explosión provocó la rotura instantánea de centenares de vidrios y cristales en todos los edificios de ese sector céntrico. Al mismo tiempo restallaron los cables rotos de los trolebuses y mientras se oía el brusco aletear de millares de palomas que alarmaban la plaza, se escuchaban los ayes y lamentos de docenas de heridos.
Fue un momento de indescriptible y violenta sorpresa. Los cronistas que se hallaban en la Sala de Periodistas de la Casa de Gobierno vieron desplomarse el techo de la amplia oficina. Cayeron arañas sobre la mesa de trabajo y las máquinas de escribir fueron acribilladas con trozos de mampostería y vidrios. Gateando para sortear las nuevas explosiones salieron de la Casa de Gobierno, tropezando con los soldados de la guardia de Granaderos que se precipitaban por los corredores a reforzar las guardias, y se dirigieron al edificio del Ministerio de Ejército, pasando entre coches destrozados, cadáveres yertos, heridos clamantes y ramas de árboles desgarradas.

La Nación, 17 de junio de 1955. En: Julio Godio, La caída de Perón (de junio a setiembre de 1955), vol. 1. Biblioteca política argentina nro. 115, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1985. 

jueves, 13 de junio de 2013

Relevo en el uso de armas

Soldados soviéticos se turnan para usar el fusil.
Película Enemy at the Gates